Lng/SHT: cuatro décadas de vida, canciones y razones para conquistar el mundo
Estar retirado no te impide hacer una mega fiesta de cumpleaños en el Pepsi Center.
Nuestro querido Gastón festejará sus cuatro décadas de vida en grande, con una fiesta que promete bastante el próximo «30 de octubre en el Pepsi Center». Asimismo, nos da un gran regalo: nuevas canciones con colaboraciones bastante interesantes, algunas que nos regresan a esos gloriosos dos mil, con las voces de Pepe Madero y Javier Blake. Y ojo, no digo que mis compas no estén vigentes después de 20 años, pero es inevitable reconocer que fueron parte fundamental de aquellos años y que sus voces son emblemáticas de nuestros tiempos. Y, hey, ¡prohibido llamarnos chavorrucos!
También nos regala esta joyita llamada No Queda Mucho (Distopía), una colaboración con Proof que nos invita a tomar conciencia. El prefestejo inició con unos showcases en distintos puntos afortunados del país, donde pudimos escuchar a un Gastón detrás de sus letras. Ahí nos deja ver que su autenticidad es lo que realmente conecta con quienes lo siguen. Alguna vez lo escuché en un podcast preguntarse qué es lo que nos orilla a que algo nos guste.

Entonces, mientras nos compartía un poco sobre su proceso creativo con estas nuevas canciones, dijo algo que me puso a reflexionar: sus canciones tristes son las que más éxito tienen. Y ahí resuena Gustavo Cerati: «Pones canciones tristes para sentirte mejor».
Quizá somos muchas las personas tristes, y escuchar una canción que verbalice lo que llevamos dentro es, de alguna forma, un bálsamo emocional que nos ayuda a sentir alivio ahí en dónde ya no hay fondo. Para llegar a ese punto, es necesario crear con espíritu y honestidad, haciendo arte sincero. Así que sí, quizá lo que hace que algo nos guste sea precisamente eso que conecta con aquello intangible, pero innegable.
Con esto me atrevo a decir que las canciones de Gastón vienen acompañadas de las formas necesarias para conectar con quienes a veces tenemos que decir: «Solo son días malos» y seguir adelante. Mientras tanto, somos buenos adultos: nos lavamos los dientes, nos paramos frente al espejo y, cepillo en mano, somos conscientes de que el mundo se va a acabar. Y ahí estamos, mirándonos a los ojos, preguntándonos si en realidad ya no queda nada más que hacer o si todavía somos capaces de conquistar el mundo.

Porque cuando el mundo está un poco más que un poco loco y pareciera una amenaza, deberíamos tener razones para agarrar coraje y empezar a hacer lo que nos hace felices: eso que nos sonroja el corazón y detiene el tiempo por un instante, lo que nos hace sentir el presente. Quizá esa búsqueda de razones no se queda en las canciones. También aparece cuando toca decidir qué hacer con los sueños que ya cumplimos y con los que todavía nos quedan.
Mucha gente dice en redes: «Este wey ya se había retirado». Y sí, si llevas tanto tiempo de gira, haciendo esa cantidad de conciertos al año, y decides darte un break porque quieres vivir otra parte de tu sueño —estar en casa con tu amada esposa, viendo pelis de terror y acariciando a tu perro—, retirarte eventualmente de los escenarios y de un proyecto que te absorbía tanto me parece un acto de valentía.
Creo que hay dos factores importantes. Por un lado, está el tema personal: cuando sabes que algo que también amas y disfrutas es hacer música y compartirla en vivo, y que fue tu sueño, supongo que debe dar vértigo saltar del escenario hacia una nueva experiencia. Una experiencia que, desde otra perspectiva, te brinda ese mismo placer y agradecimiento por vivir. Por otro lado, está la incertidumbre comercial: qué pasa con tu vigencia en el mercado musical cuando decides hacer una pausa. Porque, si bien el arte se hace con el alma, vivir también cuesta dinero.
Sin embargo, con más del 90 % de las entradas vendidas, parece claro que su vigencia no depende únicamente de los medios ni del consumo superficial. La respuesta del público también habla de una audiencia dispuesta a seguir acompañando su música.
Pero la vigencia de un artista no se mide únicamente en boletos vendidos. También está en lo que ha vivido, en las escenas que abraza y en la libertad de seguir explorando quién es. Un músico que disfruta de ser el centro del espectáculo, pero que también puede tocar el bajo —sin importar que nadie escuche— en una banda de punk, y que se divierte como enano (y no me refiero a Jay de la Cueva) compartiendo escenario con 30 bandas en un festival que representa, de cierta forma, una parte de su esencia: el Vans Warped Tour.

Y es que Gastón tiene más de una faceta. También está Death/SHT, un proyecto que explora la atmósfera de las fechas esotéricas y pone al terror como protagonista. Una buena oportunidad para asomarse a ese otro lado suyo será este «31 de octubre, en una fiesta de disfraces en CHICO, en la colonia Roma Norte» ( BOLETOS AQUI ).
Y quizá de eso también se trata conquistar el mundo: no necesariamente de llegar más lejos que los demás, sino de encontrar razones para seguir adelante, hacer lo que amamos y construir una vida en la que todavía podamos reconocernos. Porque, a veces, conquistar el mundo tendrá que esperar a que durmamos ocho horas; otras veces, bastará con encontrar una canción que nos recuerde por qué seguimos aquí. ¡Felices 40, Gastón! Que esta nueva década venga acompañada de música, libertad y todas esas cosas que hacen que la vida se sienta un poquito más nuestra.
Rebeca JM Borbolla








